En esta reserva natural privada solo hay dos alojamientos, uno de los cuales es el Namib Naukluft Lodge. A primera hora de la tarde, te subes a un 4×4 abierto y sales hacia la reserva, siguiendo el cauce seco del río Tsondab hasta llegar a uno de sus rincones más inesperados: el bosque de moringas. Sorprende encontrar esos árboles centenarios en medio de tanta aridez. Después, sigues hasta un mirador apartado, con vistas panorámicas de 360 grados del desierto. Vas a ver llanuras de hierba dorada, terreno desértico y agreste, y horizontes que no parecen terminar. Ahí se hace una parada para picar algo y tomarse un refresco. La vuelta se hace por otra ruta igual de bonita y, según la época del año, se pueden ver manadas de gacelas saltarinas y órices cruzando las llanuras.