Visita el famoso salar de Etosha desde una perspectiva diferente. Se encuentra a 20 kilómetros de la entrada Andersson y se accede a él por una carretera llena de baches, pero que merece mucho la pena. Esta extensa y blanca creación de la naturaleza se expande hacia el horizonte, creando un paisaje que te hará dudar de si lo que ves es real. La cuenca permanece prácticamente desnuda y seca durante gran parte del año, con superficies agrietadas de sal y arcilla que contrastan con los pastizales y bosques circundantes. Tómate tu tiempo para contemplar la inmensidad del lugar y, por supuesto, tomar algunas fotos; así es la Namibia de otro mundo en todo su esplendor. Según la temporada, es probable que veas fauna en los límites o cerca de los puntos de agua, lo que le dará un toque especial a la experiencia. Pero, ante todo, este lugar es la prueba de que los paisajes también merecen su protagonismo.