Santuario de aves de Nata

Flamencos, pelícanos, termitas y salinas que no parecen tener fin; este es el escenario que presenta el santuario de aves de Nata, una reserva muy singular. Se sitúa cerca de la localidad de Nata, en un punto de paso entre Zimbabue, Maun y Kasane, y es conocido, sobre todo, por su cercanía a las famosas salinas de Makgadikgadi. El santuario ocupa 230 kilómetros cuadrados en el extremo noreste de la Sowa Pan, integrada en los salares de Makgadikgadi. Estas llanuras albergan, además de aves, antílopes, cebras, hienas, chacales y babuinos.

Bandadas teñidas de rosa

Este es uno de esos rincones mágicos de África donde crían los flamencos. Tras la temporada de lluvias, cuando las salidas se convierten en humedales poco profundos, los flamencos se concentran a montones; pueden reunirse hasta 250.000 ejemplares. En esta época, miles de pelícanos también se concentran en la zona y más de 165 especies de aves llenan el cielo. Eso sí, todo depende de las lluvias. Si la temporada de lluvias ha sido buena, los flamencos suelen verse entre noviembre y mayo, y a veces incluso hasta agosto. Si la temporada de lluvias es floja, este periodo se acorta bastante. Aquí, como siempre, la naturaleza no entiende de certezas.

Unidos por la conservación

Botsuana es un país étnicamente diverso y el santuario de aves de Nata refleja muy bien dicha diversidad. El proyecto nació en 1992 de la mano de los comités de conservación de Nata y Kalahari y fue la primera iniciativa de conservación comunitaria del país. Hoy en día, el santuario está gestionado por cuatro tribus: nata, maphosa, sepako y manxotae. Los ingresos generados por las tasas de entrada y por la zona de acampada se destinan a proyectos para la comunidad que los propios habitantes deciden conjuntamente. Gracias a su importancia como fuente de agua y como punto de paso natural entre Zimbabue, Maun y Kasane, Nata se ha convertido en una población dinámica de unos 11000 habitantes de orígenes diversos.

Las catedrales de las salinas

En las llanuras resplandecientes del santuario se alzan unas torres de tierra que pueden alcanzar entre cinco y seis metros de altura. No se trata de ruinas ni de esculturas, sino de enormes termiteros: auténticas obras de ingeniería levantadas poco a poco por termitas cultivadoras de hongos. Más que simples montículos, son estructuras sorprendentemente resistentes, formadas por una mezcla de tierra, saliva y excrementos de termita que actúa como cemento natural. Tan sólido es este material que, de hecho, se ha utilizado en la zona para la construcción. Una muestra más de que, en este inmenso paisaje de salinas, hasta los habitantes más pequeños dejan huella.

Información general

El santuario de aves de Nata es una de las puertas de entrada a los salares de Makgadikgadi. Esta reserva, de 230 kilómetros cuadrados, destaca por la presencia de miles de flamencos que llegan en grandes bandadas tras las lluvias de noviembre. Junto a ellos también pueden verse pelícanos, más de 165 especies de aves y mamíferos como antílopes, cebras e hienas. Un paisaje salino que rebosa de fauna.

Animales más comunes

  • Cebra.
  • Gacela saltarina.
  • Antílope.
  • Ñu.
  • Alcélafo caama.
  • Órix.
  • Eland.
  • Kudú.
  • Chacal.
  • Zorro orejudo.
  • Avestruz.
  • Flamenco.
  • Pelícano.
  • Chorlito.

Datos clave

  • Impresionante santuario de aves de 230 kilómetros cuadrados situado junto a las salinas de Makgadikgadi, cerca de la localidad de Nata.
  • Alberga más de 165 especies de aves.
  • Zona de cría de más de 250.000 flamencos.
  • Primer proyecto de conservación comunitaria de Botsuana.
  • Gestionado conjuntamente por cuatro tribus locales: nata, maphosa, sepako y manxotae.

Actividades en el santuario de Nata

  • Observación de aves. 
  • Safaris en jeep. 
  • Visitas culturales guiadas. 
  • Paseos en canoa por el río Nata. 
  • Paseos por la naturaleza.

Cómo llegar

El santuario de aves de Nata queda de paso en muchas rutas por Botsuana. Tanto si viajas de Francistown a Maun como si continúas hacia el norte, en dirección a Kasane y al Parque Nacional de Chobe, pasarás por Nata. La mayoría de los viajeros llega a Botswana a través del Aeropuerto Internacional de Maun y continúa por carretera. Desde Maun, hay unos 190 kilómetros y el trayecto dura entre dos horas y media y tres horas por una carretera asfaltada y en buen estado. Si llegas desde Kasane o la zona de Chobe, calcula unas cuatro horas. Desde Francistown, en cambio, se tarda algo menos de dos horas. El santuario se encuentra a las afueras de Nata y se accede fácilmente por una pista corta de grava.

Clima

El clima en Nata es cálido y seco. Como en el resto de Botsuana, el año se divide en una estación seca y otra lluviosa, bien diferenciadas entre sí. Las últimas lluvias suelen caer en marzo y la estación seca se extiende de abril a octubre. Durante esos meses, las temperaturas bajan bastante por la noche, así que asegúrate de llevar algo de abrigo para las primeras horas del día. Durante el día, las temperaturas son agradables y rondan los 24 °C. A partir de septiembre empieza a hacer más calor y en octubre y noviembre el termómetro puede alcanzar los 34 °C. Con la llegada de las primeras lluvias, el polvo se asienta y el ambiente se refresca. Durante la temporada de lluvias (de noviembre a marzo) no suele llover todo el día; lo más habitual son chaparrones breves y tormentas de tarde que duran una o dos horas.

La mejor época para visitar el santuario de aves de Nata

En Nata, cualquier época del año regala atardeceres espectaculares y buenas oportunidades para avistar fauna.
La «green season», es decir, la temporada de lluvias (de noviembre a abril), es la mejor época para la observación de aves, ya que a las especies residentes se suman las migratorias. Además, durante estos meses las salinas cambian por completo; lo que antes era una gran llanura blanca y polvorienta se transforma en una gran extensión de agua.
Entre mayo y octubre, durante la estación seca, el santuario atrae grandes bandadas de flamencos que llegan a criar poco después de las lluvias. Aun así, su presencia depende de las precipitaciones y del nivel del agua, por lo que el avistamiento nunca está garantizado.

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