Te vamos a contar un secreto. Cada año, hasta 35.000 cebras migran por Botsuana, recorriendo más de 1.000 kilómetros. La Gran Migración de las Cebras no se documentó científicamente hasta alrededor de 2012, lo que la convierte en uno de los fenómenos naturales más recientes. Descubre más sobre estos imponentes animales, dónde y cuándo puedes ver este espectáculo y por qué migran.
Aunque los científicos la descubrieron hace poco, las comunidades locales conocían la migración de las cebras desde hace mucho tiempo. En la década de 1960 se instalaron vallas veterinarias que bloquearon las rutas ancestrales. Tras su retirada en la década de 2000, la migración pudo reanudarse y, gracias a los estudios con collares GPS, el trazado completo de la ruta quedó al descubierto hacia 2012. En distancia lineal, es incluso la migración de mamíferos terrestres más larga de África. En cuanto a números, sin embargo, queda a la sombra de su homóloga mundialmente famosa en el Serengueti de Tanzania y el Masai Mara de Kenia. Mientras que millones de animales migran durante la Gran Migración de los ñus, en la Gran Migración de las cebras son «solo» unos 35.000. Aun así, es un espectáculo fascinante que no te puedes perder.
Esta pregunta es relativamente fácil de responder: las cebras siguen la lluvia porque con ella llegan el agua fresca y la hierba nutritiva de la que alimentarse. Así que, cuando la estación seca se apodera del sur, se desplazan hacia el norte. Una vez que vuelve la lluvia, regresan al sur.
En realidad, no hay una sola migración de cebras, sino dos. En lugar de moverse en un bucle, los animales se desplazan entre determinados lugares de Botsuana.
Las manadas de cebras pasan los duros y secos meses de junio a noviembre en las llanuras aluviales del río Chobe. Con las primeras lluvias en Nxai Pans, unos 20.000 animales empiezan a desplazarse hacia el sur a principios de diciembre, un viaje que les lleva entre dos y tres semanas. Eso si van en línea recta, claro. A algunos les gusta dar una vuelta, parando en las llanuras de Seloko, y se unen al resto unas semanas más tarde. Aquí se quedan unos dos o tres meses antes de volver al norte. Este viaje les lleva más tiempo, por lo que lo hacen de marzo a mayo.
Esta migración es un poco más corta que la que hay entre Chobe y Nxai, y los animales recorren unos 500 kilómetros en total. Unas 15.000 cebras se desplazan desde el delta del Okavango y la reserva de caza de Moremi hasta el Parque Nacional de las Salinas de Makgadikgadi en noviembre o diciembre, también impulsadas por las primeras lluvias en Makgadikgadi. Tras unas semanas, llegan a la nutritiva hierba de los Pans y se quedan allí unos tres meses antes de emprender el regreso, más o menos en marzo. Como el delta del Okavango es un paraíso durante la estación seca, solo el 55 % de las cebras migra hacia el sur. El resto disfruta del delta durante todo el año.
Dato curioso n.º 1: No solo migran las cebras. Las gacelas y los ñus viajan como polizones. Los elefantes siguen su propio patrón, pero a veces se cruzan por el camino. Y, por supuesto, los depredadores como los guepardos, los leones, los perros salvajes africanos y las hienas manchadas siguen de cerca el movimiento… ya te puedes imaginar por qué.
Dato curioso n.º 2: Las cebras de la migración son cebras de Burchell, que tienen unas tenues rayas marrones entre las blancas y las negras y son más fuertes y anchas que las demás. De vez en cuando también te puedes encontrar con el término «cebra de llanura»: las cebras de Burchell son una subespecie de la cebra de llanura, así que ambos nombres son correctos.
Dato curioso n.º 3: La cebra es el animal nacional de Botsuana.
Las cebras no solo son un espectáculo para los aventureros, sino que además posan perfectamente para tus fotos.
Cuando se habla de animales africanos, la cebra siempre está entre los primeros. Y no nos extraña: con su aspecto monocromático, son un espectáculo realmente impresionante. Pero hay mucho más que contar sobre ellas…
En el estampado de rayas no es todo blanco y negro (nunca mejor dicho). Cada estampado es único, igual que una huella dactilar.
Las cebras son muy sociables y establecen fuertes vínculos dentro de la manada. De hecho, un semental no duda en enzarzarse en una pelea para proteger a su yegua.
Aunque parezcan presas, las cebras tienen mucha potencia: una sola patada basta para herir o incluso matar a un león.
Aunque la Gran Migración de las cebras ya es un espectáculo en sí misma, hay algunos momentos que son la guinda del pastel para cualquier amante de los safaris.
Al igual que los cruces fluviales de la Gran Migración de los ñus en África Oriental, las cebras de Botsuana también deben enfrentarse a un río en su viaje hacia pastos más verdes. Con depredadores hambrientos acechando cerca, las manadas se zambullen en el agua y cruzan a nado el río Boteti, creando escenas dramáticas y momentos emocionantes.
Con tantas cebras en un mismo lugar (y algunas gacelas y ñus entre ellas), los depredadores nunca están lejos. Leones, guepardos, leopardos, perros salvajes africanos, hienas manchadas… todos esperan pacientemente el momento perfecto para lanzarse a la caza.
Al llegar a las salinas, las cebras hembras traen nueva vida a este mundo. La hierba nutritiva es un gran apoyo para las madres lactantes y la imagen de estos pequeños potros dando sus primeros pasos en el amplio paisaje es algo que nunca olvidarás.
Las salinas de Makgadikgadi son un fenómeno natural sin igual. Las cebras, con sus rayas blancas y negras sobre las llanuras blancas y aparentemente infinitas, crean una escena surrealista que es difícil de capturar en una foto, pero fácil de recordar para siempre.
No hace falta que salgas «al campo» para ver de cerca cómo se agrupan las cebras. También puedes relajarte en tu lodge y verlas alrededor de un abrevadero justo delante de ti.