Dormir al raso en las salinas de Makgadikgadi es una experiencia única. Después de unas tres horas de camino por una pista de tierra, llegas a tu cama, elevada en mitad de la nada, sobre las salinas. No hay techo, solo una mosquitera, y por encima, el cielo. Cuando se hace de noche, todo se queda en silencio y aparecen las estrellas. Es un entorno salvaje, remoto y algo irreal. Y, justo cuando estás empezando a asimilarlo, sale el sol y se lleva el espectáculo. Las salinas se llenan de luz y todo cambia de nuevo. Es una actividad sujeta al clima y está pensada para los más aventureros.